jueves, 14 de agosto de 2008

Excursión a un ibón.

14.8.2008.



Por: José Antonio Calvo

Mi amigo Javier me envía esta crónica de una excursión. Es necesario saber que hay que tener cuidado a quién se pregunta...



Preparamos todo el día anterior, pero no salimos hasta las diez de la mañana desde Zaragoza. El viaje de ida fue corto, en una hora y cuarto nos encontrábamos en Hoz de Jaca, que fue el pueblo donde empezamos la excursión. Allí llegar tomamos un refresco y empezamos a organizar el recorrido que debíamos seguir hasta llegar al ibón de Sabocos, que era el objetivo que nos proponíamos. Preguntamos a una vecina del pueblo si estaba muy lejos el Ibón y nos dijo que estaba muy cerca, mas o menos a media hora, así que dejamos el coche en un camino o senda montañosa cerca del pueblo y nos decidimos a empezar la caminata.

Como eran ya las doce del mediodía rezamos primero el Ángelus, y luego empezamos a andar. Creíamos que iba a ser un camino rápido pero había mucha pendiente y al principio íbamos frescos y ligeros pero luego vimos que era un camino un poco complicado, en realidad era una senda marcada por curvas grandes que hacía más ligera la gran pendiente que existía hasta llegar al ibón, pero para cubrir la pendiente la senda era de largo recorrido. La primera sorpresa fue que a la media hora de caminar vimos que todavía quedaba bastante, ya que veíamos la cumbre muy lejana, con lo cual nos imaginamos que todavía nos quedaban dos horas más, (Supusimos que se había equivocado la vecina del pueblo cuando sólo nos dijo que había media hora de recorrido), así que decidimos tener paciencia y continuar el camino hasta que llegar al ibón, la verdad es que era cierto que nos quedaba un buen rato, pero estaba siendo una caminata dura y al mismo tiempo estábamos pasándolo muy bien, con lo cual decidimos descansar un rato para coger fuerzas y proseguir el camino. Después del descanso eran la una y media, y pensamos continuar hasta las tres par comer cerca ya del Ibón, así que pensando que era el último trozo caminamos más ligeros, se veía ya la cumbre de las montañas que ocultaban los ibones, y la cumbre de la montaña tenía nieve.

Por fin llegábamos ya. Quedaba poco pero se había hecho muy tarde y teníamos que comer. Paramos cuarenta minutos. Después de caminar tanto unos bocadillos con algo de agua sentaba muy bien. La comida la hicimos viendo la estación de esquí de Panticosa sin nieve. Bueno, comenzamos el último tramo, sólo quedaban treinta y cinco minutos para llegar al ibón, con lo cual la ilusión de llegar nos hacía sentirnos menos cansados. Teníamos pensado que nos daríamos un baño al llegar y con el calor que hacía sería una buena idea. El final del camino hacía el ibón era una senda que bajaba, así que rápidamente nos encontramos en el Ibón de Sobocos. Llegamos a al meta, ¡lo conseguimos! Y como habíamos pensado nos dimos un baño, aunque como era tarde y debiamos volver el baño fue rápido. Había que volver, sabíamos que el camino era todo de bajada, pero estábamos muy cansados, decidimos coger atajos para volver más rápido, a pesar de todo tardamos una hora y cincuenta minutos, fue rápida y ligera la vuelta. Realmente estábamos cansados y muy sedientos al llegar, por lo cual paramos otra vez a tomar un refresco en el bar del pueblo. Lo habíamos pasado muy bien. A la vuelta en el coche rezamos el rosario y estuvimos un poco en silencio haciendo un rato de oración, había que darle gracias a Dios por lo bien que lo habíamos pasado. A las nueve y cuarto de la noche ya estábamos en Zaragoza.

Nos despedimos y pensamos en repetirla otra vez, pero cambiando de recorrido y lugar. Bueno en verano un día de excursión olvidándose de la ciudad es muy bueno. Os animo a planificar una futura excursión. También vimos a unos topos cerca de su madriguera. ¡HASTA PRONTO!

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